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NOTICIA

El mejor amigo de los niños

BIENESTAR. "El Mundo"  05/11/2015  02:54

Los perros son animales fieles, sociables y honestos por naturaleza, pero cuando hay niños en casa toda precaución es poca a la hora de incluir a un miembro más en la familia. Aunque la mayoría de los canes poseen estas características, hay algunos más apropiados que otros para compartir vivencias y juegos con los más pequeños. ¿Cuáles son?

José Luis Blázquez, veterinario y fundador de Openvet, recomienda cuatro razas cuyo carácter es adecuado para convivir con niños, en función de la edad de los mismos. El boxer, corpulento y enérgico, es un deportista nato. Por ello es el ideal para los más mayores, ya que pueden colaborar en su paseo. El labrador, incansable en el juego y tolerante con las trastadas, es el complemento perfecto para los menores con una edad superior a los 10 años: una mascota con su misma mentalidad les hará quemar toda su energía. El tamaño reducido del schnauzer miniatura permite que los niños de cualquier edad se manejen a la perfección con ellos. Además, son muy pacientes y activos. Por último, el golden retriever, una raza que está de moda en los últimos años, tiene un carácter equilibrado y juguetón, y una mirada de bueno que conquista. Eso sí, prepárese a recoger mucho pelo blanco por toda la casa... 

A pesar de la predisposición de estos animales a entenderse con los niños, es importante tomarse su tiempo en educarles de una manera adecuada, un trabajo que empieza desde que son cachorros, ya que deberán aprender a tolerar los habituales tirones de orejas y rabo. "Las hembras son más dóciles y pacientes que los machos por instinto", asegura Jesús García, presidente de la Sociedad Española de Pediatría Social. Pero también es necesario enseñar a los niños a respetar y cuidar al animal: su nuevo compañero no es un juguete más y hay que evitar que le hagan daño. "El menor no conoce los límites a la hora de tratar a un perro y mostrarles qué se puede hacer y qué no corre a cargo de los padres", afirma el pediatra.

Beneficios en el desarrollo

De esta relación no sólo saldrán beneficiados los canes, también lo harán los niños. Las ventajas de que se críen compartiendo experiencias con un amigo peludo son enormes, como demuestran las cada vez más numerosas terapias con animales que se están implantando en medicina y psicología. "Esta convivencia les hace más sociables, les enseña a compartir, a ser responsables de otro ser vivo, a ofrecer cariño a cambio de nada y a superar sus miedos", explica Blázquez. Un planteamiento con el que está de acuerdo el doctor García: "Tener un can en casa tiene un efecto muy importante en la autoestima de los niños. Además, les da seguridad, estabilidad, y les produce un gran desarrollo intuitivo y del sentido del humor", afirma. A muchos adolescentes con problemas de aislamiento o acoso en el colegio les resulta muy beneficioso la compañía de una mascota, "ya que les aporta confianza en sí mismos. El perro está siempre ahí con ellos, parece captar su estado de ánimo y nunca les deja de lado, y a cambio piden muy poco", asegura el pediatra. Estos efectos tienen una gran repercusión llegada la edad adulta, ya que "mejora los vínculos afectivos que se forjan con sus semejantes". 

Para un bebé, se trata de un estímulo muy importante porque intentará seguir los pasos del perro, imitándole mediante sonidos guturales para comunicarse y gateando detrás de él. Esto, aparte de las evidentes mejoras en su desarrollo, conlleva algunas otras encubiertas: "Un perro en casa ayuda a prevenir problemas de estrabismo en los niños, ya que los que no aprenden a gatear tienen más posibilidades de padecer este problema de visión que los que lo hacen", afirma el doctor García. Y es que resulta que el gateo ofrece un estupendo ejercicio muscular para los ojos y favorece el enfoque.

A medida que los niños van creciendo, se hacen poco a poco más responsables de los cuidados de su mascota, tareas menores como ponerles el agua o la comida, lo que les ayuda a aprender a organizarse mejor y a adquirir conocimiento de sus labores cotidianas. 

Menos alergias

Esta simbiosis entre humano y animal no se trata solamente de una cuestión de desarrollo emocional, ya que también tiene una clara influencia en el ámbito de la salud: según un estudio realizado por la revista 'Journal of the American Medical Association', los menores que conviven con mascotas tienen un 50% menos de probabilidades de padecer algún tipo de alergia, así como a sufrir infecciones respiratorias y de oído, ya que desarrollan un sistema inmunológico más fuerte. De manera indirecta, un can también ofrece beneficios en el menor por el ejercicio físico que realizan al tener que sacarle a pasear diariamente. "Está demostrado que los niños que tienen perro dedican mucho menos tiempo a los videojuegos que aquellos que no lo tienen", afirma el fundador de Openvet. Una idea con la que está de acuerdo el pediatra Jesús García: "Los adolescentes ya se pueden hacer cargo de sus cuidados veterinarios y de sacarles a pasear, lo que conlleva un menor tiempo frente a la televisión y que pasen más rato en la calle. En realidad, suponen un cambio en el ritmo de toda la familia", afirma García.

La importancia de la higiene

Por mucho que se intente evitar, los niños acabarán compartiendo lametazos, pelos e incluso comida -el perro comerá de la mano de los pequeños y ellos tendrán curiosidad por las bolas de pienso y se lanzarán a probarlas en cualquier descuido-. Una estrecha relación que requiere una atención especial en la higiene. Blázquez recomienda "desparasitarle de manera interna, además de tenerlo correctamente vacunado y realizar revisiones anuales para asegurar el buen estado y la salud del animal".

El pediatra recuerda que "es importante lavarse las manos con asiduidad después de haber estado jugando con el perro y evitar que el animal duerma en la cama del niño, ya que puede tener cuerpos extraños que se queden adheridos en las sábanas".

Si la opción que se baraja es la de adoptar, José Luis Blázquez recomienda observar cómo se comporta el perro antes de llevárselo a casa. "En ocasiones han sido víctimas de malos tratos y pueden no reaccionar bien a las trastadas. Estos perros necesitan personas que les den el cariño que no recibieron antes y requieren tiempo para volver a confiar en los humanos", asegura. 

Lo primero es tener clara la idea de que acoger a otro miembro en la familia es una decisión importante que implica un esfuerzo y un gasto económico que debemos ser capaces de asumir. "No hay que dejarse llevar por las peticiones de los hijos. No se trata de un juguete más". También hay que ser conscientes de que a pesar de que se llegue al acuerdo de que serán ellos quienes se encargarán de sus cuidados y paseos, "debemos tener claro que en el 95% de los casos acabarán siendo atendidos en mayor medida por los padres", afirma Blázquez.



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